Muerte de Jesús: Estudio Científico

El presente es una invetigación sobre diferentes estudios científicos sobre la muerte corporal de Jesús, los efectos sobre el cuerpo, reacciones del mismo y el sufrimiento físico y psicológico que vivió en aquel primer Viernes Santo.

HUERTO DE LOS OLIVOS (GETSEMANÍ)

Recordemos que en la Biblia, los evangelistas narran este momento de oración con un alto grado de tristeza, de espanto, de preocupación. Fue tanto el sufrimiento moral que Jesús presentó manifestación somática física, es decir, el sudor de sangre (conocido como hematihidrosis o hemohidrosis).

Esta no es una situación usual o “común” en la medicina, pero si es existente. Generalmente ocurre por algún desorden sanguíneo, lo que produce que la piel se vuelva frágil y tierna y exista internamente una congestión vascular capilar y hemorragias en las glándulas sudoriparas.

Luego de esto hay que recordar que estuvo sometido a un total ayudo durante todo el juicio, que duró toda la noche, y que persistirá hasta la crucifixión.

LA FLAGELACIÓN

La flagelación era un preliminar legal para toda ejecución Romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre esta los golpes, nada perdiesen de su fuerza y golpeaban, sin compasión, sin misericordia alguna.

Generalmente se utilizaba un “Flagrum o Flagellum” que en español se le conoce como “Azote Corto” conformado de varias cuerdas o correas de cuero, que tenía atadas, en varios intervalos regulares, pequeñas bolas de hierro o trocitos de huevos de oveja.

Cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones y hematomas. Las cuerdas de cuero con los huesos de oveja, desgarraban la piel y el tejido celular subcutáneo .

Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada. Se creaban las condiciones para producir perdida importante de líquidos (sangre y plasma). Hay que tener en cuenta que la hematidrosis había dejado la piel muy sensible en Jesús.

La flagelación fue bastante severa, ocasionando un intenso dolor y con el una fuerte pérdida de sangre; es muy probable que Jesús haya quedado en un estado casi de shock.

espinasLo tradicional era que los soldados romanos, una vez concluída la flagelación, se burlaran de las víctimas. En el caso de Jesús, le colocaron en su cabeza, una corona de espinas, como un emblema irónico de su realeza. Las espinas que utilizaron fueron del arbusto el “Zizyphus” o “Azufaifo”, llamado “Spina Christi”, que consta de espinas agudas, largas y corvas.

Además de esto le colocaron un viejo manto de soldad sobre sus hombros, simulando la púrpura de que se revestían los reyes y una caña en su mano derecha, simulando un cetro. Junto con todo esto fue golpeado en la cabeza además de ser escupido en el rostro. Más aún, cuando le arrebataron la túnica, probablemente reabrieron las heridas que comenzaban a cicatrizar.

LA CRUCIFIXIÓN

EL origen de este castigo es de origen oriental, de las culturas persas, asiria y caldeos que luego adaptaron, con varias modificaciones, los griegos, egipcios y romanos.

Los romanos siguieron la tradición de la crucifixión, lo que indica que Jesús fue obligado a cargar con el, desde el Pretorio hasta el lugar de la crucifixión, alredeor de medio kilómetro de distancia. Se estima que el peso de la cruz era de más de 300 libras; sólo el patíbulo (palo transversal horizontal) tenía un peso entre 75 y 125 libras.

Antes de dar inicio a la crucifixión se acostumbraba a dar una bebida narcótica (mezcla de vino con mirra e incienso) a los condenados. El objetivo era mitigar un poco el dolor del castigo. Cuando le fue ofrecida dicha bebida a Jesús, lo rechazó.

Con los brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas en el patíbulo. De esta forma, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo, eran probablemente puestos entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos carpíanos, ya sea cerca o a través del fuerte flexor retinaculum y los varios ligamentos intercarpales. En estos lugares aseguraban el cuerpo.

manosEl colocar los clavos en las manos hacia que se desgarraran fácilmente puesto que no tenían un soporte óseo importante. El clavo penetrado destruía el nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano, radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos nervios produjo tremendas descargas de dolor en ambos brazos. El empalamiento de varios ligamentos provoco fuerte contracciones en la mano.

pieLos pies eran fijados al frente del estípete por medio de un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano. El nervio profundo peroneo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del pie fueron heridos. Es muy probable que los pies de Jesús fueran clavado individuales. San Cipriano que, más de una vez había presenciado crucifixiones, habla en prural de los clavos que traspasaban los pies. San Ambrosio, San Agustín, entre otros, mencionan “cuatro clavos” que se emplearon en la crucifixión.

No hay que olvidar el sufrimiento moral que vivió en aquellos momentos. Ver a toda una muchedumbre de gente que se saciaba sus ojos con el espectáculo de aquella agonía, además de todo el ultraje que le colmaron hasta el último momento. No menospreciemos el ver la mirada abnegada de su madre y sus amigos, a quienes sus dolores tenían sumidos en profunda tristeza. Todo Él era, por decirle de una manera, un tormento en sus miembros, en su espíritu, en su corazón y alma.

El lapso de supervivencia generalmente fluctuaba desde tres a cuatro horas hasta tres o cuatro días, y parecía inversamente proporcional a la severidad del flagelo. Sin embargo, aun cuando la flagelación pudiera haber sido leve, los soldados romanos podían apresurar la muerte al partirle las piernas debajo de las rodillas (crurifragium o skelokopia).

Era común que insectos se aposaran y se metieran dentro de las heridas abiertas o los ojos, oídos y nariz de la víctima moribunda, y que las aves de rapiña desgarrarían las carnes en esos lugares. Más aun, era costumbre dejar los cadáveres colgados de la cruz para ser devorados por animales salvajes. Sin embargo, según la ley romana, la familia del condenado podía tomar el cuerpo para ser enterrado, luego de obtener permiso del juez romano.

Como no se suponía que nadie sobreviviera la crucifixión, el cuerpo no era entregado a la familia hasta que los soldados romanos estuvieran seguros de que la víctima estaba muerta. Se acostumbraba que uno de los guardas romanos clavara el cuerpo con una espada o lanza.

Tradicionalmente esto se había considerado como una herida de lanza al corazón a través del lado derecho del pecho -una herida fatal enseñada a la mayoría de los soldados. El Sudario de Turín documenta esta forma de herida. Más aun, la lanza estándar de infantería, de unos 5 a 6 pies (1.5 a 1.8 Mts) de longitud, podía fácilmente alcanzar el pecho de un hombre crucificado en la acostumbrada cruz baja.

VISTA MÉDICA DE LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS

En la muerte de Jesús varios factores pudieron contribuir. Es importante tener en cuenta que fue una persona politraumatizada y policontundida; desde el mismo momento de la flagelación, hasta su crucifixión.

La flagelación antes de la crucifixión servía para debilitar al hombre condenado, y, si la pérdida de sangre era considerable, producir hipertensión ortostática y aún shock hipovolémico. Cuando la víctima era lanzada al suelo sobre sus espaldas, las heridas del azote se reabrirían y se contaminarían con lodo. Más aun, con cada respiración, las dolorosas heridas de las espaldas rozarían contra la tosca madera del estípite. Como resultado de esto, la pérdida de sangre de las espaldas continuaría probablemente durante la crucifixión.

El efecto principal de la crucifixión, aparte del tremendo dolor, que presentaba en sus brazos y piernas, era la marcada interferencia con la respiración normal, particularmente en la exhalación. El peso del cuerpo jalado hacia abajo, con los brazos y hombros extendidos, tendían a fijar los músculos intercostales a un estado de inhalación y por consiguiente afectando la exhalación pasiva. De esta manera la exhalación era primeramente diafragmatica y la respiración muy leve. Esta forma de respiración no era suficiente y pronto produciría, retención de CO2 (hipercapnia).

encruzPara poder respirar y ganar aire Jesús tenia que apoyarse en sus pies, tratar de flexionar sus brazos y después dejarse desplomar para que la exhalación se produjera. Pero al dejarse desplomar le producía igualmente una serie de dolores en todo su cuerpo.

Una exhalación adecuada requería que se incorporara el cuerpo empujándolo hacia arriba con los pies y flexionando los codos, aductando los hombros. Esta maniobra colocaría el peso total del cuerpo en los tarsales y causaría tremendo dolor. Más aún, la flexión de los codos causaría rotación en las muñecas en torno a los clavos de hierro y provocaría enorme dolor a través de los nervios laceradas. El levantar el cuerpo rasparía dolorosamente la espalda contra la estípe. Como resultado de eso cada esfuerzo de respiración se volvería agonizante y fatigoso, eventualmente llevaría a la asfixia y finalmente a su fallecimiento.

Comúnmente, los pies eran fijados al frente del estípite por medio de un clavo de hierro clavado a través del primer o segundo espacio intermetatarso, justo al lado de la junta tarsometatarso. Es probable que el profundo nervio peroneo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta serían heridos por el clavo. A pesar de que la flagelación producía considerable pérdida de sangre, la crucifixión por sí misma era un procedimiento poco sangriento, ya que ninguna de las arterias principales, excepto tal vez la del arco de la planta, pasaban a través de los sitios anatómicos favoritos de la transfixión.

LA MUERTE DE JESÚS

Los asistentes civiles escarnecían a Jesús durante la crucifixión, y los soldados echaron suertes sobre sus ropas. Cristo habló siete veces desde la cruz. Debido a que el habla ocurre durante la exhalación, estas frases cortas deben haber sido particularmente difíciles y dolorosas. A eso de las 3 pm del viernes, Jesús clamó a gran voz, inclinó la cabeza y murió. Tanto los soldados como los testigos presentes reconocieron el momento de su muerte.

La muerte de Jesús pudo haberse precipitado sencillamente por su estado de agotamiento y por la severidad de la flagelación, con su consecuente pérdida de sangre y estado preshock. El hecho de que El no pudo cargar su patíbulum apoya esta interpretación. La causa real de la muerte de Jesús, así como la de otras víctimas de crucifixión, pudo haber sido multifactorial y relacionada primariamente a shock hipovolémico, asfixia por agotamiento, y agudo paro cardíaco. Una arritmia cardíaca fatal pudo haber sido la causa del evento catastrófico terminal.

Las piernas de los ladrones fueron quebradas, más al llegar a Jesús y observar que ya estaba muerto, renunciaron a golpearle; pero uno de los soldados para mayor seguridad quiso darle lo que se llamaba el “golpe de gracia” y le traspaso el pecho con una lanza.

lanzaEn esta sangre y en esa agua que salieron del costado, los médicos han concluido que el pericardio, (saco membranoso que envuelve el corazón), debió ser alcanzado por la lanza, o que se pudo ocasionar perforación del ventrículo derecho o tal vez había un hemopericardio postraumático, o representaba fluido de pleura y pericardio, de donde habría procedido la efusión de sangre.

Texto: Yo Cucurucho
Fotografías: Fluvium / Aciprensa.

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