Reclamar a Dios es una forma de orar

Oración, Dios, Artículo de Fe, ApologéticaCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Yo Cucurucho
Fotos: Yo Cucurucho

Fuente: Vatican. va / Aleteia

Somos muchos los que, en los momentos mas difíciles acudimos a Dios y rezamos pidiendo que nos ayude a resolver los problemas que enfrentamos, que nos ayude a recuperar la tranquilidad que nos hace falta y, sobre todo, que podamos seguir con nuestras vidas normalmente. Es como si quisiéramos que Dios lo resolviese todo como por arte de magia.

Luego de algunos días vemos que los problemas aún persisten y seguimos rezando hasta que, de repente, nuestra oración se convierte en un reclamo y entonces, sin darnos cuenta, comenzamos a discutir con Dios.

Nos enojamos, le reclamamos y hasta exigimos una respuesta pues, de alguna manera, sentimos que Él no nos está escuchando o, peor aún, nos está ignorando.

Y no está mal ya que el discutir con Dios, es otra manera de orar. Recuerda que la oración en su forma más sencilla es una charla íntima que tenemos con el Señor, una plática entre Él y tú en donde le compartes tu sentir, tus pensamientos, sueños, necesidades y, cuando le reclamas, haces exactamente lo mismo.

El propio Papa Francisco nos dice que es permitido discutir con Dios pues Él es Padre. Mira lo que ha dicho su Santidad:

“El Señor nos llama todos los días y nos invita a decir nuestro : ‘Aquí estoy’, pero podemos ‘discutir’ con Él: ‘A Él le gusta discutir con nosotros’. Alguno me dice: ‘Pero Padre, yo muchas veces voy a rezar, me enfado con el Señor…’: ¡pero también es oración!. “A Él le gusta cuando te enfadas y le dices a la cara lo que sientes ¡Porque es Padre! Esto también es un ‘aquí estoy’… ¿o me escondo? ¿O huyo? ¿O finjo? ¿Miro hacia otro lado? Cada uno de nosotros puede responder cómo es mi ‘aquí estoy’ al Señor, para hacer su voluntad en mi vida. Como es. Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de encontrar la respuesta”.

Recuerda que, como lo comenta el Padre Salvador González (Arquidiócesis de México), Dios “conoce mucho mejor que nosotros lo que necesitamos; antes de que yo le pida auxilio en mi necesidad; Él ya sabe lo que me pasa, pero también sabe lo que puede ayudarme a crecer, a madurar”.

Cuando discutimos o reclamamos a Dios para que todo ocurra como nosotros deseamos, sólo mostramos nuestro lado humano y, hacemos al Señor tan nuestro que lo vemos también en un “modo humano” pero, Dios nos comprende perfectamente por lo que estamos viviendo y Él sabe que esa discusión o reclamo es por la desesperación que sentimos. Él, como Padre nuestro que es, nos escuchará y nos acogerá siempre con los brazos abiertos pues sabe que, a pesar de nuestro malestar, seguimos amándolo y confiando en Él y es por ello que, aún con reclamos, acudimos a buscarlo.

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