Transustanciación…un cambio milagroso

Eucaristía, Jesús Sacramentado, Jesús Eucaristía, Jesús Vivo, Santísimo Sacramento, Jueves EucarísticoCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Yo Cucurucho
Fotos: Yo Cucurucho
Fuente: Pequeño Catecismo Eucarístico

Más de alguna vez hemos escuchado esta palabra que, en realiad, está formada por dos; “trans”, que quiere decir “cambio” y “sustancia” que significa que “existe por sí mismo, no necesita de algo más para existir”.

Todo esto nos apunta a que, en la Eucaristía, la sustancia del pan y del vino se convierten en el Cuerpo y Sangre de Jesús, a pesar de que la apariencia de estos no se transforme. Esto es que la Hostia no pierde su color, forma, tamaño, olor o sabor; sin embargo, la sustancia en sí, deja de existir: ya no hay más pan, sino el Cuerpo de Cristo; ni tampoco hay más vino, sino la Sangre de Cristo.

Este cambio ocurre en el momento en que el Sacerdote pronuncia las palabras que el propio Jesús dijo durante la Última Cena: “Esto es mi cuerpo” (aquí el pan deja de ser pan y se convierte en el Cuerpo de Cristo); “Éste es el caliz de mi Sangre” (el vino se convierte en Sangre). Claro está que este cambio no lo realiza el Sacerdote, es hecho por la omnipotencia divina, es decir, que es Dios quien interviene y realiza dicha transformación. Al leer esto tengo algo en mente: Dios creó el mundo de la nada, ¿cómo no podrá también transformar una cosa en otra?.

La Transustanciación es un hecho extraordinario; si bien es cierto que en las especies se convierten en el Cuerpo y Sangre de Jesús, Él no deja de estar en el cielo ni tampoco quiere decir que Él cambie. Las especies, luego de la Consgración, simplemente se convierten en el mismo Jesús que está en el Cielo a la derecha del Padre.

¿Qué dices si, ahora que hemos aprendido como las especies se convierten en Cuerpo y Sangre de Jesús, hacemos una “Comunión Espiritual” y, si nos es posible, lo visitamos en la iglesia este día?

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el Cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de ti. Amén.

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