Cristo Rey, celador de nuestras almas

centenario-7Ciudad de Guatemala, Guatemala
Autor: Arnoldo Antonio Rodríguez Rodas
Fotos: Yo Cucurucho
Fuente: Asociación de Devotos de Jesús Nazareno de Candelaria

Señor de Candelaria, tu templo que se convierte en Crisol de Fe, reuniendo almas agobiadas en busca de paz interna que solo tu presencia perpetua nos da, tu que acongojas a penitentes que en tì se fortalecen para seguir su caminar por el sendero del diario vivir.

Nosotros tus fieles y creyentes tuyos nos consagramos en fe viva a tì, que con tu amorosa mirada y labios entreabiertos que parecieran decirnos “Hijos Míos”, tomando amorosamente y sin decir palabra la cruz que recibiste por mi hermano y por mí. Nosotros que ni siquiera merecemos ver tu dulce rostro, pero tú como un buen Padre nos recoges y nos perdonas de todo mal que hacemos.

Cristo Rey, gracias por la fe ardiente que haz forjado en mi, esa fe que día a día solo tu haces que acreciente para hacerme Apóstol de tus santas palabras que tu nos dejaste aquel Primer Jueves Santo, ¿Comprenden lo que he hecho con ustedes, yo que soy vuestro Señor y Maestro? Les he dado ejemplo para que hagan lo mismo.

Te has entregado a si mismo, haciéndote hombre, convirtiendo con tu poderosa palabra el pan en tu cuerpo, y el vino en tu sangre, no percibiendo esto mis sentidos, sino bastando mi fe para cerciorar a un corazón sincero que emana amor por ti.

Jesús, adoro postrado a tan grande Sacramento que nos has dejado, que como el Ibis desgarraste tu pecho para alimentarnos con el pan de vida eterna y el cáliz de la salvación Perpetua. Te has humillado, entregado y has obedecido hasta la muerte en la cruz por nosotros, nosotros, que nos hacemos llamar hijos tuyos, nosotros que ni siquiera nos preocupamos por el desvalido, por el angustiado y el necesitado. Hazme Señor, un hombre de bien imitando tus enseñanzas, imitando tus grandes obras y sobre todo ser verdadero hijo tuyo.

Jesús Tesoro de tus fieles, te suplicamos que nos concedas el gran afecto de tu divino amor, que pedimos a fin de que te amemos de corazón, con palabras y con obras, no cesando jamás de bendecirte y alabarte.

Jesús, Celador de nuestras Almas, Ten Piedad de Nosotros.

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