Y si te digo Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra…¿qué entiendes?

2015-06-11 Bienaventurados los mansosCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Yo Cucurucho
Fotos: Yo Cucurucho
Fuente: Catholic.net / Aleteia

Lo primero que cualquiera podría pensar es…¿y cómo puedo ser manso, si hay tanta violencia en la tierra; si hay tanta pelea en todos lados? y te digo, es una pregunta muy cierta, ¿cómo podemos ser mansos entre tanta guerra que nos rodea?.

Pues bien, todo lo podemos hacer si pedimos la ayuda de Dios; si dejamos en sus manos nuestra vida y le permitimos que nos guíe, nos enseñe por donde debemos caminar. Ser manso va muy de la mano con algo que te mencionaba en el texto anterior, sobre la primera Bienaventuranza; para ser manso, necesitas ser HUMILDE, es decir, necesitas comprender que nada puedes hacer si Dios no está contigo; necesitas aceptar que dependes del Señor.

Ser manso, entonces, es que debes acudir a Dios para que te ayude a controlar el mal genio, a eliminar de tu vida la ira, a que puedas tratar a todos con amabilidad, respeto y con educación, aunque ellos no te traten así; debes de ser bondadoso, muy paciente y comprensivo. A veces las situaciones que vivimos nos pueden alterar, ponermos de mal humor, pero en ese momento, oremos, sí, oremos con fe, con fuerza, para mantenernos serenos y verás como Dios, en su grandeza, nos ayudará a no dejarnos afectar por el enojo.

Si lees detenidamente ahora la Bienaventuranza, verás que tiene un doble significado…”por ellos poseerán la tierra”. Una persona mansa será querida, será bienvenida en todos lados porque sabe tratar con respeto a los demás, este es el primer significado. Además, Jesús nos dice también, entre esta línea, que después de la muerte, cuando dejemos este mundo, los mansos poseerán la tierra prometida, allá en la vida eterna, al lado del Señor, los mansos poseerán el Cielo, disfrutarán de la gloria de Dios.

Puede parecer que el cumplir con esta bienaventuranza puede resultar un tanto difícil, pero recuerda, para lograrlo todo basta con que ores, con que acudas a Dios y le pidas su ayuda; Él está deseoso de “echarte una mano” y lo hará siempre que tú se lo pidas. Ora y no dejes de orar; confía en Él, cree en Él.

Que Dios te haga manso y te bendiga.

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