¿Qué entendemos por “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios”?

2015-06-10 Bienaventurados los pobres de corazónCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Yo Cucurucho
Fotos: Yo Cucurucho
Fuente: Catholic.net / Aleteia

Esta es la primera Bienaventuranza que nos indicó Jesús, y con mucha razón; es la fundamental para todo.

Aquí puedes pensar muchas cosas con la palabra “pobre”, podrías incluso pensar que debes regalar todo lo que tienes, dejar tu trabajo, y quedarte sin nada, en pobreza, para ganar el Reino de Dios, pero no es así.

Jesús dice que son felices o bienaventurados los pobres…pero se refiere no sólo a los pobres en riqueza material sino también a las personas que son pobres de espíritu y están conscientes de ello; te lo digo de otra manera, Jesús, cuando dice POBRES, se refiere a aquellas personas que, aunque tengan cosas materiales, están conscientes que necesitan de Dios, que en su vida les hace falta sentir el amor de Jesús para tenerlo todo.

Esto quiere decir que son BIENAVENTURADOS, aquellos que no son ambiciosos, codiciosos, envidososo, presumidos, sino más bien, sob humildes al aceptar que Dios es la riqueza más grande que tienen en sus vidas y que necesitan de Él. Esta es la pobreza de la que Jesús nos habló en el Sermón de la Montaña, la pobreza que TODOs debemos buscar para poder, después, gozar del Reino de Dios.

Si te fijas bien, esto va muy de la mano con lo que muchas veces nos habla la Iglesia, especialmente que el Papa Francisco nos recalca en sus homilías y catequesis: la humildad.

Todo cuanto tenemos, poseemos y logramos es por la voluntad del Señor; Él nos ha dado la facultad, los conocimientos, inteligencia, etc. para lograr las cosas que nos proponemos, es por ello que todo honor debe de ser para Él y es su nombre el que debemos engrandecer con nuestros actos y no el nuestro. Busquemos ser humildes, no sólo de palabra, sino de corazón.

Ahora ya sabes, no llenes tu corazón y tu mente pensando en todas esas cosas que quisieras tener pero que no consigues; no deposites tus sentimientos, tu corazón en las cosas materiales, mejor entrégaselo a Dios y dile muchas veces al día: “Señor, yo necesito de ti, necesito de tu amor. Ven pronto a mi corazón”.

Y yo hoy pido por ti al Señor y te digo de corazón: Que Dios te bendiga.

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