Todos cometemos pecados pero…¿qué es el pecado?

2015-06-01 PecadoCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Yo Cucurucho
Fotos: Yo Cucurucho
Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica

Es común que escuchemos que todos cometemos pecados, algunos más que otros, y sabemos también que Dios perdona nuestros pecados si nos arrepentimos de corazón pero, ¿qué es el pecado?

Si buscamos en el Catecismo de la Iglesica Católica, podemos leer:

1849 El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como “una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna” (San Agustín, Contra Faustum manichaeum, 22, 27; San Tomás de Aquino, Summa theologiae, 1-2, q. 71, a. 6) )

¿Has comprendido lo que es el pecado? Muy bien, ahora te lo explico.

El pecado es una palabra, un acto o un deseo que va en contra de la voluntad de Dios, es decir, es cuando nosotros hacemos algo que ofende a Dios; Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, un plan para que seamos felices y, cuando pecamos, faltamos a ese plan, cambiamos los planes que Dios tiene para nosotros.

Recuerda que el pecado también te trae infelicidad, intranquilidad y no te deja estar en paz, pues le has fallado a tu Padre de los Cielos. Además, el pecado también nos priva de estar en gracia con Dios, destruye la caridad en nosotros y nos aleja de la santidad.

Puedo hablarte, a grandes rasgos, de dos tipos de pecados, según la gravedad de los mismos.

Están los pecados veniales que son aquellos que cometemos, por decirlo de alguna manera, de forma inconsciente o que su efecto es leve. Podría darte por ejemplo cuando decimos una “mentira blanca” para no hacer sentir mal a otra persona; o cuando hablamos chismes de alguien pero estos no llegan a dañar la reputación de quien hemos hablado.

También están los pecados mortales; es cierto, el nombre puede sonar alarmante, pero esto significa que es la muerte “espiritual” del alma, ya que este tipo de pecados nos separan de Dios, nos van alejando de Él. Estos pecados son aquellos cuando los hemos pensado, es decir, cuando a sabiendas de que está mal el acto que haremos, de igual manera lo realizamos; cuando causamos un daño, ya sea a nuestro prójimo o a nosotros mismos.

Pero no te preocupes, Dios es misericordioso y, en su infinito corazón, Él nos perdona cada uno de nuestros pecados, siempre y cuando estemos realmente arrepentidos y queremos pedirle perdón.

Pero, ¿cómo sabes que estás verdaderamente arrepentido? oh pues es ese momento en el que, muy dentro de ti, escuchas una pequeña voz que no te deja tranquilo y te dice una y otra vez que has actuado mal; cuando sientes aquel gran peso en tu corazón que no te deja ser plenamente feliz, cuando necesitas hacer las cosas bien o, mas aún, cuando sientes que le falta algo a tu vida. Ahí es cuando estás arrepentido y entonces debes examinar todos tus actos para ir con el sacerdote y contarle aquellos que has hecho mal; recuerda que en la confesión, en realidad no le cuentas al sacerdote tus pecados, es Jesús quien está ahí presente escuchándote, abriéndote su corazón y dándote su perdón. Más adelante te contaré un poco más sobre esto.

Ahora bien, debemos tener cuidado de no cometer los mismos pecados una y otra vez porque, si bien Dios nos perdona cuantas veces sea necesaria, el caer en el mismo pecado puede conducirnos a generar vicios en nosotros y estos vicios, nos hacen volvernos pecadores empedernidos. Y con cada pecado nos vamos alejando aún más de Dios, de su gracia, de su amor y de todo aquello que sólo Él nos puede dar.

Así que ahora que ya sabes que es el pecado, intenta hacer las cosas bien; cuando sientas que vas a mentir, que te vas a enojar, o que harás algo que no agradará a Dios, piénsalo dos veces, respira profundo y repite en tu mente, con todo tu corazón:

Madre querida, acógeme en tu regazó; cúbreme con tu manto protector y con ese dulce cariño que nos tienes a tus hijos. Aleja de mí las trampas del enemigo, e intercede intensamente para impedir que sus astucias me hagan caer. A ti me confío y en tu intercesión espero. ¡Amén! (Recuerda lo que representa decir la palabra Amén)

Y así verás que poco a poco te irás alejando del pecado y estarás cada vez más cerca de Dios, de la caridad, la humildad, el verdadero amor, la felicidad y, sobre todo, de alcanzar esa meta que todos los católicos debemos de tener en nuestras vida: Alcanzar la Santidad.

Tú que nuevamente me lees, en este día, te deseo mucha alegría, mucha serenidad y que Dios te bendiga.

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