La devoción a Santo Domingo Savio

Ciudad de Guatemala, Guatemala
Texto: Yo Cucurucho
Fotografías: Martín Lagares
Fuente: Dibujos para Catequesis

A lo largo del mundo, la devoción hacia Santo Domingo Savio se ha ido extendiendo desde su muerte y, más aún, cuando su fama de santidad fue confirmada al ser canonizado.

Es por ello que en esta oportunidad te compartimos esta galería en la que te presentamos cuatro esculturas de Santo Domingo Savio, todas realizadas por el escultor español MARTÍN LAGARES, quien ha tenido a bien el proporcionarnos las mismas.

La primera escultura se encuentra en una plaza de España, y representa a Domingo Savio como un joven más, que disfruta de la vida en el Oratorio de Don Bosco pero que, está dispuesto a amar a Dios hasta el último momento.

La segunda escultura se encuentra actualmente en veneración en un templo español, y la cual representa a Domingo Savio como todos lo hemos llegado a conocer, un niño siempre dispuesto a servir a sus prójimos.

En la tercera escultura, de medio cuerpo, lo podemos apreciar sosteniendo un cuadro de la Inmaculada Concepción, gran devoción de Domingo Savio y que podemos ver reflejada cuando fundó la Compañía de la Inmaculada Concepción de María, la cual tenía como prioridad, el rezar cada día a la Virgen para pedir su intercesión.

La cuarta escultura, la más reciente, nos muestra a Domingo Savio sosteniendo el pequeño cuadernillo en el que escribió sus pensamientos así como sus famosos votos de Primera Comunión y, en una de sus hojas, podemos leer el pensamiento que lo guió durante toda su vida “Siempre Alegres”.

 

Domingo Savio nació en Riva de Chieri, Italia, el 2 de abril de 1842. Al año siguiente toda su familia se trasladó a las colinas de Murialdo. Era un niño del pueblo, nacido en una familia profundamente cristiana, pobre y repetidamente probada.
El 2 de octubre de 1854 conoció a Don Bosco. Desde ese momento ese santo sacerdote fue quién lo guió por el camino de la santidad juvenil, convirtiéndose en su padre, maestro y amigo. Lo llevó a estudiar a Turín. Allí pasó su adolescencia, viviendo como pupilo con los muchachos pobres que el mismo Don Bosco recogía en su Oratorio.
El 1 de marzo de 1857 su delicada salud se agravó. El médico aconsejó que fuera a su casa y que allí se repusiera. Al despedirse de Don Bosco y de sus compañeros les dijo: “Nos veremos en el paraíso”. Es que ya intuía que muy pronto iba a morir.
Efectivamente, el 9 de marzo, a tan sólo un mes de cumplir 15 años falleció postrado en la cama de su hogar.
Es la primera persona que a tan corta edad, sin ser mártir, fue proclamada santa. Fue canonizado por el Papa Pío XII el 12 de junio de 1954. Su fiesta litúrgica es el 6 de mayo, aunque muchos lo celebran el 9 de marzo por ser la fecha en que falleció.

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