Estoy demasiado cansado para concentrarme en la oración, ¿qué puedo hacer?

Pray, Rezar, Rezando, Oración Diaria, Oración del Día, OraciónCiudad de Guatemala, Guatemala
Texto: La-oracion.com
Fotos: Yo Cucurucho
Fuente: La-oracion.com

Muy cansado para concentrarme en orar
Quizá puede darte ánimo el saber que éste es un problema universal. Santa Teresa de Lisieux sufrió esta dificultad. Aquí está una hermosa reflexión de sus sentimientos sobre este tema en su libro Historia de un Alma:

¡Qué feliz, Jesús, es tu pajarito de ser débil y pequeño! Pues ¿qué sería de él si fuera grande…? Jamás tendría la audacia de comparecer en tu presencia, de dormitar delante de ti… Sí, ésta es también otra debilidad del pajarito cuando quiere mirar fijamente al Sol divino y las nubes no le dejan ver ni un solo rayo: a pesar suyo, sus ojitos se cierran, su cabecita se esconde bajo el ala, y el pobrecito se duerme creyendo seguir mirando fijamente a su Astro querido. Pero al despertar, no se desconsuela, su corazoncito sigue en paz. Y vuelve a comenzar su oficio de amor. Invoca a los ángeles y a los santos, que se elevan como águilas hacia el Fuego devorador, objeto de sus anhelos y las águilas, compadeciéndose de su hermanito, le protegen y defienden y ponen en fuga a los buitres que quisieran devorarlo. El pajarito no teme a los buitres, imágenes de los demonios, pues no está destinado a ser su presa, sino la del Águila que él contempla en el centro del Sol del Amor.

Como alguien que sufre dolores crónicos y de un muy desafiante trastorno del sueño, comprendo lo que significa estar cansado durante la oración –tanto así que me he quedado dormido mientras estoy parado durante la Misa (sí, cuando eso sucede, ¡en verdad te caes al piso si no te das cuenta lo suficientemente rápido!) Una vez dicho esto, también he tomado medidas agresivas respecto a la dieta, medicamentos y modificación del patrón de sueño. No hay excusa cuando no somos capaces de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para mitigar los desafíos que enfrentamos. Sin embargo, cuando todos nuestros buenos esfuerzos fracasan o se quedan cortos, cuando nuestros cuerpos nos fallan, como a todos eventualmente nos sucederá, reconocemos, como lo hizo santa Teresa, que Dios es misericordioso, comprende los retos que enfrentamos y que somos vasijas frágiles. A la luz de esto, podemos despertar y volver nuestro corazón y nuestra mente de nuevo a la concentración, reconociendo que somos amados y valorados y que el esfuerzo que hemos puesto para adorarlo es correspondido con amor y ternura.

La batalla de la oración
Rezar el rosario diciendo una palabra a la vez, ¡es una manera excelente de trabajar para volver nuestros corazones a Dios y para honrar a María! Ha habido ocasiones en las que he tenido que rezar mis oraciones vocales con cierta medida de fuerza decidida, pero suave, con el fin de que mi mente y corazón permanezcan atentos. Esto no suena contemplativo para nada, pero éstos son momentos en que estamos luchando con nosotros mismos y con nuestras debilidades hacia Él, y no tiempos de tranquilidad y deleite. Aquí, la clave es evitar el sentirnos frustrados. El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (#572) describe este reto en términos de una «batalla».

La oración es un don de la gracia, pero presupone siempre una respuesta decidida de nuestra parte, pues el que ora combate contra sí mismo, contra el ambiente y, sobre todo, contra el Tentador, que hace todo lo posible para apartarlo de la oración. El combate de la oración es inseparable del progreso en la vida espiritual…

Lo que sea que estés sintiendo, es lo que estás sintiendo, lo que sea que puedas hacer es lo que puedes hacer, no hay necesidad de lamentarse o permitir que la ansiedad te domine. Simplemente vuelve de nuevo a Él, mil veces si es necesario. Recuerda que una mirada hacia Él traerá una respuesta de gracia amorosa. No me cabe la menor duda que aun los más pequeños actos de devoción, si son todo lo que podemos ofrecer, son de gran importancia en el Reino de los cielos.

Una hora de oración en la cual batallemos y luchemos para concentrarnos unos pocos minutos, o aun segundos de atención en Él, pueden ser más meritorios que una hora de devoción tranquila sin aflicciones.

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